sábado, 7 de febrero de 2015

SANTA ÁGUEDA

Una mañana de Santa Águeda, se dio cuenta
de que ya no tenía fe en las hadas ni en los santos.
Con lo que ofrecían, ponerse en venta
era más triste que robarse ginebra entre borrachos.

Como de otra cosa, la verdad, es que no podía,
presumió de papers mojados de sangre azul.
Nada menos que dieciséis noches con sus días
tardó en sacarse de dentro el peso de su cruz.

Hablar era fácil y pensó que podría decir algo.
Aprender la diferencia fue cuestión de abrir la boca.
La esperanza se pierde dando la mano,
cuando alguien cruza los dedos con los que te toca.

Buscar la paz entre blancas y negras
es sinónimo de hallar un jaque mate en el tablero,
el réquiem que escuchan las orejas
que nunca escucharon un te quiero.

1 comentario:

  1. Buenisimo me perece ller los poemas de mi abuelo!!

    Gracias por compartir
    Con cariño Victoria

    ResponderEliminar