viernes, 4 de junio de 2021

CONFUSAS HORAS EN BERLÍN

Otra turbulencia. La tercera en cinco minutos. Soy incapaz de concentrarme en lo que dice Pedro Sánchez, pero tengo la mirada y la gestualidad bien entrenadas para hacerle ver lo contrario. El presidente está inquieto ante la perspectiva  de la reunión que estamos preparando. Y, cuando el presidente está inquieto, Capella y yo deberíamos estarlo mucho más. Y lo estamos. Pero no por la dichosa cumbre de Berlín, sino porque vamos, al menos yo, acojonados con tanto movimiento en el Falcon.

Llevamos semanas trabajando en el encuentro con la canciller alemana, el presidente de la república francesa y el primer ministro italiano. Se trata de fijar previamente una posición común de los cuatro estados para allanar el próximo consejo europeo. La agenda es amplia porque los temas a tratar son muchos y de calado. El reparto de los fondos agropecuarios, la política transfronteriza, la reforma del banco central europeo, la política común de transportes y el blindaje de la candidatura de Álvaro Trece al premio nobel de literatura. Pedro Sánchez está obsesionado con esto último. El poeta alicantino lleva años sonando para el galardón y la prensa especializada cree que, si no lo ha recibido aún, es porque el proyecto no ha tenido el impulso político necesario. Oficialmente lo negarán, pero los académicos suecos son muy permeables a las presiones del poder. Y Pedro Sánchez cree que esta vez hay que implicar a la Unión Europea porque un nobel español le vendría "de pelotas" a la marca España. "Sol, playa y Álvaro Trece" se ha acostumbrado a decir el presidente. Y el pedazo de imbécil de Capella se parte de risa cada vez que lo oye. 

Afortunadamente, lo traemos todo muy machacado y en el vuelo estamos nada más que dándole el último repaso, esquemático, a los argumentos que va a exponer Pedro Sánchez. No nos lleva más de treinta minutos. Después, traen un café y un dulcecillo para los que no tengo el cuerpo con tanto bamboleo. Capella, sí y, tras el suyo, se come mi bollito mientras me habla muy bajo para que no le oiga el presidente. Está con la mosca detrás de la oreja por la filtración del borrador del proyecto de la nueva ley hipotecaria. Habrá sido alguno de los cabrones de prensa, pero la mierda nos la van a echar encima a nosotros. Dejamos precipitadamente la conversación cuando Iván Redondo nos pasa el horario de hoy. Hay un par de cambios.

Qué largas se hacen estas esperas. Los cónclaves de este tipo duran un sinfín de horas y, si eres de los que les toca entrar con el presidente, tira que va pero, como seas de los que se quedan fuera esperando noticias, estás como un león enjaulado. Hoy me ha tocado a mí contarme entre los que se quedan fuera y aquí estoy de charleta con los compañeros todo el tiempo menos el poco rato que me está llevando contestar los correos que envía Capella, que es uno de los que ha entrado, pidiéndome algún dato que le va preguntando Pedro Sánchez en el fragor de la batalla. 

Como siempre, parece que no va a terminar nunca hasta que, de pronto, escuchamos los sonidos inconfundibles de la muy honorable muchedumbre abandonando la estancia, contigua a la nuestra, dispuesta por los alemanes para la cumbre. Salgo a toda prisa. Cruzo la mirada con Capella. Creo verle una sonrisa casi imperceptible. Mi impresión se confirma cuando levanta el pulgar derecho lo más disimuladamente que puede. Los jefes de estado y de gobierno hacen como si conversaran delante de las cámaras fotográficas mientras Capella se escabulle y me cuenta en un aparte. 

"Todo, chaval, todo". Relata detalladamente cómo hemos conseguido todos los objetivos. Incluso lo de Álvaro Trece. "Búscame su teléfono porque Pedro Sánchez quiere llamarle para decirle que está hecho. Angela Merkel ha llamado a los suecos en el momento. Con dos ovarios". Ni que decir tiene que le mando inmediatamente a esparragar y le digo que el teléfono del poeta lo busque él porque, uno, no soy su secretario y, dos, no soporto a Álvaro Trece y, cuando pienso que puedo verle recibiendo el nobel de literatura, considero seriamente la posibilidad de arrojarme ácido en los ojos. "¡Qué carácter, colega!", acepta deportivamente Capella antes de salir, sin poder esconder cierta urgencia, hacia el servicio de caballeros. 

Se han hecho, fíjense ustedes, las ocho y media. La cena oficial es a las nueve en uno de los salones del hotel en que nos alojamos, así que me ducho rápidamente y me coloco delante de la pantalla del portátil. Introduzco usuario y contraseña y accedo a la red de documentos confidenciales que compartimos los que tenemos el inmenso honor de formar parte del equipo de trabajo del presidente, guardo el documento con los detalles del acuerdo alcanzado hoy en mi lápiz de memoria, me visto y llego al restaurante un minuto antes de la hora fijada. 

Me sientan, en la mesa más alejada de la de los prebostes, con Capella, Francesco, Valeria, Geraldine, Karl y Gunter. No caeré en la obviedad de verbalizar a qué delegación pertenece cada cual pero sí en la de decir que el menú es de exquisita calidad pero de cantidad mínima por lo que, dada la generosidad  y alegre ritmo con que lleno mi copa cada vez que se queda vacía de vino, no puedo negar que voy adentrándome en una progresiva y agradable embriaguez. Incluso Capella me genera simpatía. Ya ha pasado. Sólo ha durado un momento.  

Acaba la cena y Gunter nos guía hacia un garito de su gusto. Me llama la atención que, en esta época del año, haya esta temperatura en Berlín a las diez y cuarto de la noche. Karl pide una jarra per cápita. Suenan canciones completamente desconocidas para mí pero que, aquí y ahora, me sumen en la versión alemana de la euforia. No podemos hablar por el volumen de la música. Lo agradezco porque me defiendo en inglés pero, no  nos engañemos, tal defensa hace aguas. 

Hay que ver cómo cuida esta gente la higiene de sus baños. Tras la tarea esencial que he venido a llevar a cabo, me lavo las manos. Entra Geraldine, no sé si ajena o indiferente al hecho de que en la puerta que acaba de franquear hubiera grabado un gentlemen como la copa de un pino. Me toma de las manos y dirige algo parecido a un baile común entre los dos al ritmo de la música que entra por debajo de la puerta. Al verla desde tan cerca, de pronto, sé cómo se dice guapa en francés pero, claro, no lo digo, lo repito en el silencio de mi cabeza mientras nos besamos con creciente intensidad. Ella muerde mis labios y yo los de ella. Mi lengua persigue su lengua por todos los confines del sabor a cerveza que cubre nuestras bocas, mientras mi mano hace camino a duras penas por el hueco de su pantalón hasta que ella me aparta de golpe. La mayor frustración de mi vida termina cuando veo a Geraldine desabrocharse el pantalón y llevar mi mano hacia su interior. Froto su clítoris guiado por la excitación que me produce ver la expresión de su cara y oír los jadeos que emite, en un tono mucho más grave del que hubiera podido imaginar, como respuesta a mi tacto. 

Percibo que su orgasmo se avecina, sin embargo quien llega es un nuevo, e inoportunísimo, usuario del inodoro que nos hace detenernos bruscamente, tratar de recomponernos como podemos y salir de allí lo antes posible. Geraldine parece avergonzada. Nos dice que tiene que marcharse ya. Intento irme con ella, pero me hace saber con la mirada que soy la última compañía que desea en ese momento, así que me quedo y retomo mi cerveza por donde la había dejado. 

Escucho un extraño sonido a lo lejos. Noto como, poco a poco, va acercándose. Me lleva un minuto darme cuenta de que ese sonido es el de mi teléfono y que estoy escuchándolo desde la cama. "¿Sí?". Al otro lado habla Capella. Intento que me resuelva las dos incógnitas que mantengo. Qué hora es y cómo demonios conseguí llegar anoche a la cama. Ignora mis palabras. Me habla con el mismo tono de voz con que me hubiera anunciado la muerte de un ser querido. Pero no es eso lo que me anuncia. El documento con los acuerdos consignados en la cumbre está en la web de todos los periódicos. Pedro Sánchez se ha puesto en veintidós de tensión cuando se ha enterado. Iván Redondo quiere vernos. Ya.

Sabía que Luis Fernández no había llegado a corresponsal de El Mundo por su inteligencia pero, ¿cómo se le ocurre poner el documento entero? Es de primero de periodismo. Se dice fuentes cercanas al presidente dicen que... bueno, de todo se aprende, es la última vez que trabajo con esta eminencia.

Me visto sin ducharme. Abro la puerta del despacho habilitado por el hotel para la delegación española. Todas las miradas se dirigen a mí. Iván Redondo me agradece que haya tenido la amabilidad de hacerles la merced de obsequiarles con mi presencia. La reunión no podía empezar sin mí. Comienza calificando la filtración como uno de los actos más infames de la historia de España porque los acuerdos, vitales para los intereses de nuestro país, "se han ido a tomar por culo" por haberse conocido antes de tiempo. Añade que el autor de la filtración, además de antipatriota, es "gilipollas" porque los técnicos han descubierto fácilmente desde qué usuario de la red privada se había sacado el documento y concluye, ya a gritos, que lo va a poner en "la puta calle". 

Como imaginarán, el traidor que sufre el despido, disciplinario y procedente, no es otro que Capella. Las caras de todos los presentes reflejan estupefacción cuando Iván Redondo le comunica su forzosa marcha, pero ninguna como la del propio despedido, que acaba de aprender la valiosa lección de que uno debe poner más empeño en evitar que le roben las contraseñas. Yo tengo que dejarles. Pedro Sánchez me ha pedido que le busque un teléfono. Quiere comunicarle al interesado personalmente que, un año más, le han "jodido" el nobel a Álvaro Trece.

martes, 18 de mayo de 2021

UNO DE ESOS DÍAS


Uno de esos días en que muero
de palabra, de obra y pensamiento.
Uno de esos días en que miento
y no cuento al lector lo que te quiero.

Uno de esos días de aguacero.
Nubes en la salud del firmamento.
Domingos del antiguo testamento.  
Flores hastiadas del invernadero.

Uno de esos días en que sola
está mi piel en el mar de la herida,
hablándole del sol a la farola.

Uno de esos días sin salida,
cuando dentro de cada caracola
suena nuestra canción de despedida.

domingo, 9 de mayo de 2021

LA RUINA DEL VERANO


No, el producto interior bruto
de la Nueva Orleans del diecinueve
no cayó por la baja implicación
de los esclavos de las plantaciones.
No, no fue la tripulación
la que no quiso ver venir el iceberg.
No, la ruina del verano
no viene del salario mínimo
de las malditas gotas de sudor.
No, el león y la gacela
no tienen las mismas oportunidades.
No, ninguna cigarra quiebra
porque la hormiguita viviera
por encima de sus posibilidades.

miércoles, 5 de mayo de 2021

ATARDECER DE UN EX JUGADOR DEL MILAN

Si me hubieran dicho, cuando San Siro coreaba mi nombre después de ponerla en la escuadra, que iba a estar aquí, echando la tarde en la sala de espera del traumatólogo... Llevo hora y cuarto sin que nadie me haga ni puto caso. Joder, toda la vida con la monserga de la rodilla. La prensa especializada suele decir que me retiró la entrada del cabezón Ruggeri pero qué va, lo que me retiró fue la chapuza que me hizo el cirujano lombardo al que me llevó, con la pasta que tiene el viejo, Berlusconi. Y desde entonces, salvo los años en Iguña, llevo sin levantar cabeza con el ligamento lateral izquierdo.

Lo más parecido al deporte que puedo practicar es andar deprisa y, claro, estoy echando barriga porque la comida me pierde. En morfar no he perdido facultades. Sigo tragando como cuando comía ubre en casa de Diego pero, entonces, éramos jóvenes e inmunes a la obesidad y, en cambio, ahora... Hasta necesito tirar de fotos y vídeos antiguos para que mi propio hijo crea que hubo días en que fui capocannoniere de la Serie A.

Yo entiendo que no puede haber privilegios y, si hay que esperar, espera uno pero, coño, la clínica también tiene que entender que hay personas que no podemos esperar en la misma sala que los demás porque se nos conoce y, como le sonamos, la gente nos mira. Quizá no saben de qué, pero les sonamos. Y no es agradable ser el mono de la feria. Bien es verdad que hoy no se ha acercado nadie. Seguramente porque, bueno, en España los periodistas nunca me han dado la misma bola que en Italia, pero no sé... no está uno cómodo.

Nunca he sido de esos tíos a los que le gusta estar apuntado por todos los focos. Como Roberto Donadoni, por ejemplo. Hostia, iba  por Via de la Spiga con su novia y casi era él el que perseguía a los tifosi. Pero era muy buen tío, Roberto. Hace tiempo ya. Creo que la última vez que le vi fue en un sorteo de la Champions. Nos llevaron a sacar bolas como dos gilipollas. ¿Qué año fue eso? No sé, él estaba de seleccionador italiano y yo... en fin.

Si volviera atrás en el tiempo creo que sería más simpático con algunos. Parece que no pero luego hay cosas que te pasan factura. Pero quien más rédito saca del sol es quien menos aprecia el verano porque no le parece posible que algún día el otoño pueda arrojarle la lluvia. Y vaya si llueve. Pero, para cuando uno se da cuenta de eso, anda ya calado hasta los huesos y ya es tar... Erre-ciento cuarenta y seis acuda a consulta doce. Por fin, ya era hora. Todos los ocupantes de la sala de espera me miran levantarme. No saben de qué, pero les sueno.


domingo, 25 de abril de 2021

MIRAR HACIA OTRO LADO


Sin ti, los árboles no ponían sabor
en el cuerpo invisible de sus frutas.
No existía Dios y yo me sentía 
desamparado en el mundo de los lunes.
La Tierra era un círculo contaminado 
y yo no tenía aire en los cuartetos. 
El verano duraba menos cada año 
y el mar empezaba a ser ya cosa de antes.
La muerte me observaba desde arriba
y yo arrastraba el miedo de mi estómago. 
Las derrotas amargas se sucedían 
y yo escondía, claro, la cabeza. 

Contigo, todas las frutas me saben
al día de sol que hay en tu mirada. 
No existe Dios y yo me siento pleno
en la salvación de tus abrazos. 
La Tierra es un círculo contaminado
y sopla el oleaje de tus pechos.
El verano dura menos cada año 
y a mí me urge verte mañana.
La muerte me observa desde arriba
y, entonces, miro yo hacia otro lado.
Las derrotas amargas se suceden
y yo celebro que las compartamos. 

sábado, 24 de abril de 2021

EXTREMADAMENTE PELIGROSO


Pensé que sería peligroso 
que me odiaran los de allí, enfrente.
Que señalaran con el índice 
la diferencia oscura de mis ojos. 
Me daba miedo convertirme en el
demonio alucinógeno de sus dioses.
En el presunto culpable del frío.
En el autor intelectual del hambre. 
Temía que quisieran hacerme daño 
donde el amor me hace más indefenso.
Que vinieran a hacer mi nombre añicos.
Que vinieran, cariño, a matarme. 

Sin embargo, hoy sé que lo peligroso 
es que odio a los de allí, enfrente.
Que les señalo con el índice 
la diferencia clara de sus ojos.
Me asusta verme creando dioses
que desatan plagas en sus vientres.
Verme azuzar el frío contra ellos.
Verme ponerles el hambre entre los dientes.
Lo peligroso es cargar el arma propia. 
Es la primera persona del disparo. 
Es que tú creas que tendré razón  
cuando vaya, cariño, a matarlos.

viernes, 23 de abril de 2021

A LOS QUE SABEN


Hoy, más que a ti, escribo a los que saben
que el sonido del cerrojo no es
el invierno más crudo del oído.
A los que saben que no mata la muerte
de la palabra sonrisa. 

Hoy, más que a ti, escribo a los que saben 
que los desnudos de la fantasía 
pasan por el hueco de los barrotes. 
A los que saben que al patio llegan
los rayos de sol de los deseos. 

Hoy, más que a ti, escribo a los que saben
que no hay privación de libertad capaz
de quitarles a mis manos tu recuerdo. 
A los que saben que no hay reclusión 
que saque tu alma del cuerpo de mis dedos.

Hoy, más que a ti, escribo a los que saben
que la auténtica soledad llegará 
si dicen tu nombre y no me vuelvo, 
que la auténtica soledad llegará 
si cierro los ojos y no te veo.