viernes, 14 de agosto de 2020

EN DEFENSA DE LA SALUD DE LOS CRISTALES


Cuántas veces te habré llamado la atención
creyendo que era mi pesado deber hacerlo.
Cuántas veces te habré dicho, en defensa
de la salud de los cristales, que bajases la voz.

Tiempo en que yo casi empujaba los días
para que la noche me firmara una paz ventajosa
cuando tú, por fin, te acostabas y renacía
el niñato, que fui una vez, por unas horas.

Tantos escalones subidos de dos en dos
para que hoy tú tengas tu casa y yo la mía
y añore el campo de minas del pasillo
donde el negro de mi pelo perdió la vida.

Tantas páginas leídas sin atención
creyendo que eran la víspera de un verso
para, ahora, lleno de una herida de silencio,
suplicarte, en defensa de la salud de los cristales,
que vuelvas,
que vuelvas a subir la voz.







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