domingo, 16 de julio de 2017

GORDA

Creyó leer en sus labios un te quiero
y supo lo que era un premio literario.
Ella, que perdió la palabra en una báscula.
Ella, que nunca había existido en otros labios.

Obesidad dícese de la última enfermedad
de la que reírse resulta gratuito.
Hay una raza, con todos los colores en la piel,
de gente civilizada que hace burlas de un gordito.

Toda condición sexual se cumple hasta cierto peso.
Se tolera la diversidad hasta cierta talla.
No hay dos personas iguales ante la ley de la gravedad
y, sin embargo, escupen la diferencia a la cara.

Le pareció que aquellas manos le buscaban
y se sintió música fulgurante de sonido.
Ella, tan quieta siempre en una partitura.
Ella, con más de un mal sueño ya cumplido.

viernes, 30 de junio de 2017

INSTINTOS VEGETALES

Hay techos de una belleza sobresaliente.
Incluso hay algunas, pocas, capillas sixtinas.
Sin embargo, un techo, por alto que sea,
no podrá compararse nunca al cielo abierto. 
Parece difícilmente refutable. Pues bien,
yo siento en el tórax la misma diferencia
entre que tú estés involucrada o no lo estés
en la sucesión cotidiana de hechos
que los más pedantes denominan vida.
Todo sigue ocurriendo cuando tú no estás
y, a veces, ocurre adoptando forma de sonrisa.
Pero, cuanto más se parece tu ausencia a mi realidad,
más noto en el tórax la diferencia
entre tenerte o no tenerte cerca.
Afortunadamente, no encuentro una palabra
que describa cuando me faltas en los pronombres,
en los cubatas. Cuando me faltas
en el miedo, en el café, en el correo,
en las escaleras. Cuando me faltas
en las tertulias, en las películas, en el error,
en la respiración, en el quehacer, en el refugio.
Afortunadamente, es algo de lo que no me suelo hablar.

He dejado tantas veces la terapia para curarme
del deseo de saltar desde el octavo piso de quererte
que, en el pecho izquierdo,
alojo algo que está como una cabra.
En un taller de mi inconsciente tengo a un químico
trabajando en hallar el color de tu alegría
​porque verte contenta es la casa de mis ojos.
No se trata de bondad ni de altruismo.
Ni siquiera se trata de amistad desinteresada.
Se trata de que te quiero desde el sótano
hasta el octavo piso de ser yo.

Si no recuerdo mal, no estabas tú delante
el día en que los expertos descubrieron, a lo largo de ti,
un elemento del que no soy capaz de alejarme.
En todas las escenas se me aparece
un sentimiento de pertenencia al conjunto
que formamos las cosas que, de una forma u otra,
dicen algo de ti.
A menudo pienso que te crearon como respuesta
a los interrogantes de tristeza que van por ahí
rompiéndole los dedos a las manecillas del reloj.
Dentro de mi cabeza existe mucha gente
que admira tu forma de ser
​y que ​ha aprendido mucho callando y escuchándote.
Dentro de mi corazón hay una serie de grabados
que repiten un paisaje donde, si te fijas bien,
se nos ve a nosotros abrazarnos.

​Si te fijas bien, parecemos vivos como dos frutitas
que se enamoraron en una naturaleza muerta.
La otra tarde me topé con una planta de interior
que dirigía el tallo hacia el sol tras la ventana.
Ese pobre vegetal explica el movimiento del amor,
explica por qué yo te necesito detrás de todos los cristales
para que se abran los techos de belleza sobresaliente,
incluso las capillas sixtinas,
y mis pétalos de plástico puedan ver el cielo.     



miércoles, 14 de junio de 2017

NO HACE FALTA SER MUJER

Dos adultos, una manzana, una serpiente...
y resulta que toda la culpa fue de la señora.
No hace falta ser mujer para oler a injusticia,
para discutir con uno mismo ese relato
o para ver sus consecuencias en las hijas,
de las hijas, de las hijas del pecado.

La verdad es que nunca te llamaste Eva.
Viniste, como yo, de un cruce de caminos
pero nos educaron en orillas opuestas del presente.
Yo tenía que cazar no sé qué salvaje
y tú recolectar tardes de septiembre.

Ni que escribir tiene que no aprendimos a volar
pero algo me mantiene en la instantánea de un salto
y tú caminas bajo un techo de cristal discreto.
No me negarás que es más fácil darte un coscorrón
que hacerle sitio a las medidas de tu cerebro.

No hace falta ser mujer para advertir
que ser madre no es sólo el femenino de ser padre.
Hay preguntas que nunca me han hecho a mí
para las que tendrás que sacar de dentro una respuesta.
Cuando ladren los interrogantes,
corre detrás del instinto de ser feliz.

Me conocí en tus palabras desnudas
pero morirás en un ranking de las mejor vestidas.
Los hombres inteligentes​ no tienen cuerpo
pero, cuanto más miran los ojos tu interior,
más se obstinan en ver tu aspecto.

Sorprende verte descansada al despertar.
Duermes con un rumor, bajo la almohada,
de voces que opinan sobre lo que haces con el sexo.
Actúas con la libertad de quien sabe
que siempre habrá alguien que testifique contra su pecho.

Y estás aquí. Aquí que, para ti, es más lejos.
Aquí, donde se necesitan sospechosas.
Aquí, en un hábitat de género.
Aquí, donde queremos hacerte hombra.
Aquí. Aquí que, para ti, es más lejos.

jueves, 1 de junio de 2017

NI OFICIO NI BENEFICIO

Gracias a los que ejercen el oficio de maestro
pensando que ser maestro no es un oficio,
a los que ayudan a levantarse de un suspenso
y sacan las mates de la cuenta de beneficios.

A las profes que no se encierran en su asignatura,
a las que consiguen meternos en los mapas.
Son la voz con que nos llama la literatura
y convierten en futuro la historia contemporánea.

Acallan con palabras los gritos de texto.
Lo suyo es hacer un big bang todos los años.
Nos enseñan a leer fuera lo que llevamos dentro.
Nos aúpan a nuestro primer peldaño

Sobre la tabla periódica, edifican personas
porque la duda es el antónimo de la muerte.
Apuntan al corazón de las neuronas
porque el amor es la mayor ciencia que uno aprende.

lunes, 1 de mayo de 2017

RARA VEZ VERÁN USTEDES A UN TRISTE LLORAR

El mayor problema que tienen los llorones
es que no conocen la tristeza.
Así somos hasta que nuestros pies tropiezan
con la vida real repartiendo pisotones.

Por eso, rara vez verán ustedes a un triste llorar.
Rara vez los muertos se quejan de su salud.
Unos presumen de mesías, otros llevan la cruz.
Algunas vidas dejan pocas ganas de resucitar.

Habrán visto ustedes que la madre naturaleza
siempre dispara a gente desarmada.
Con el hemisferio norte del cerebro, las ratas
aprenden a ponerse a salvo de la tormenta.

Y allí, en uno de estos países instalados
por encima de la lluvia, estoy yo,
que al ir cumpliendo años me he hecho menor
porque mi traición es seguir en el mismo bando.

Ni ustedes ni yo hablamos ningún invierno
de la existencia de las muñecas de nieve.
Como si el femenino lo derritiesen.
Como si el frío lo escribiesen los muñecos.

Escuchen, la indiferencia de los ojos
es la que crea personas invisibles
y, tras la sonrisa de un selfie, un rostro
desaparece herido de que nadie lo mire.

¿Conocen una demostración de fuerza mayor
que ser capaz de mover un dedo por alguien?
Escuchen, muchos enanos sumarían un gigante
si cada cual no creciese en distinta dirección.

Aunque no funciono como dice el envoltorio,
soy tan débil que no me suelo averiar.
Rara vez soy cierto del todo.
Rara vez verán ustedes a un triste llorar.


viernes, 14 de abril de 2017

EN EL ROSTRO DE MIS HERMANOS

Llegó a la casa con la sonora chulería
de ser una edición de bolsillo lleno
y de tapa dura como la piedra 
de El Extranjero de Camus.
Como a esta altura ya habrán imaginado,
yo soy uno de los cincuenta ejemplares
de la única edición de El Inmigrante,
obra que mi creadora se empeñó en publicar
con el dinero que ahorró 
dejando de fumar tres meses.
Cuando vi mi rostro 
en el rostro de mis cuarenta y nueve hermanos,
me di cuenta de que nadie 
iba a tratarme como un libro.
Cuando El Extranjero apartó la mirada de mí,
me vi reflejado​ en los ojos de un guantazo.

Yo permanezco en este domicilio de milagro.
Objeto de todas las listas de trastos a tirar,
la negligencia de los que me quieren fuera
es lo único que me mantiene dentro.
Podrán disculpar mi cólera
al ver cómo todos sus habitantes
tratan de que él halle su hogar en este piso.
A mí nunca han llegado a leerme.
A él nunca han llegado a entenderlo.
Pero hay algo que todos aquí saben:
El Extranjero no es El Inmigrante.

No necesitan explicar lo que odian de mí
ni por qué persiguen mis palabras
porque los signos de exclamación
ladran más alto que los interrogantes.
Como un animal ajeno al ecosistema,
él se aloja en un estante encima de la ley.
Se comporta como si fuera algo más que una cosa,
como si nacer de una mano mejor
fuera una cualidad que el posee y yo no tengo,
como si el origen fuera algo más 
que un niño caprichoso y arbitrario.
Él sabe que yo no quepo en ninguna parte.
Él sabe que El Extranjero no es El Inmigrante.

Con frecuencia, oigo a mis dueños decir
que la buena literatura no es propiedad de nadie.
Cuentan los daños que los iguales a mí
han causado en otros apartamentos
y, en mi prosa blanca,
brilla el negro de la palabra culpable.
Tal vez sea mejor para todos
que me deje ver menos por las estanterías
y pase los domingos tranquilito en un cajón.
Al menos, no estaría mal disimular un poco
el color de mi cubierta.
Empezaron por no mirarme
y he terminado por no reflejarme en el espejo.
Empiezo a pensar que tenían algo de razón
cuando decidieron que, si me rompo,
es un gasto inútil repararme.
Quizá sea cierto.
Quizá El Extranjero no sea El Inmigrante.


sábado, 1 de abril de 2017

ACEPCIONES DE UNA HERMANA

Una amiga, una enemiga irreconciliable.
Un producto mejor de los factores de mi cara.
Un pétalo de ella que me dejó mi madre.
La viva imagen de mi infancia.

Un guantazo, una caricia, la misma mano.
Una socia en el negocio ruinoso de crecer.
La compañera de un juego que los dos ganamos.
Una niña de vuelta de ser mujer.

Una cómplice, una chivata, un salvavidas.
Una rama del árbol que me sujeta a la tierra.
Un corazón que late más fuerte cuesta arriba.
Un cuerpo hermano. Un alma gemela.

alfa  mayúscula, única compatriota.
Puerta de entrada a lo más hondo de mi casa.
El agua vive porque se abrazan dos gotas.
Dos gotas. Dos gotas de la misma agua.