lunes, 1 de mayo de 2017

RARA VEZ VERÁN USTEDES A UN TRISTE LLORAR

El mayor problema que tienen los llorones
es que no conocen la tristeza.
Así somos hasta que nuestros pies tropiezan
con la vida real repartiendo pisotones.

Por eso, rara vez verán ustedes a un triste llorar.
Rara vez los muertos se quejan de su salud.
Unos presumen de mesías, otros llevan la cruz.
Algunas vidas dejan pocas ganas de resucitar.

Habrán visto ustedes que la madre naturaleza
siempre dispara a gente desarmada.
Con el hemisferio norte del cerebro, las ratas
aprenden a ponerse a salvo de la tormenta.

Y allí, en uno de estos países instalados
por encima de la lluvia, estoy yo,
que al ir cumpliendo años me he hecho menor
porque mi traición es seguir en el mismo bando.

Ni ustedes ni yo hablamos ningún invierno
de la existencia de las muñecas de nieve.
Como si el femenino lo derritiesen.
Como si el frío lo escribiesen los muñecos.

Escuchen, la indiferencia de los ojos
es la que crea personas invisibles
y, tras la sonrisa de un selfie, un rostro
desaparece herido de que nadie lo mire.

¿Conocen una demostración de fuerza mayor
que ser capaz de mover un dedo por alguien?
Escuchen, muchos enanos sumarían un gigante
si cada cual no creciese en distinta dirección.

Aunque no funciono como dice el envoltorio,
soy tan débil que no me suelo averiar.
Rara vez soy cierto del todo.
Rara vez verán ustedes a un triste llorar.


viernes, 14 de abril de 2017

EN EL ROSTRO DE MIS HERMANOS

Llegó a la casa con la sonora chulería
de ser una edición de bolsillo lleno
y de tapa dura como la piedra 
de El Extranjero de Camus.
Como a esta altura ya habrán imaginado,
yo soy uno de los cincuenta ejemplares
de la única edición de El Inmigrante,
obra que mi creadora se empeñó en publicar
con el dinero que ahorró 
dejando de fumar tres meses.
Cuando vi mi rostro 
en el rostro de mis cuarenta y nueve hermanos,
me di cuenta de que nadie 
iba a tratarme como un libro.
Cuando El Extranjero apartó la mirada de mí,
me vi reflejado​ en los ojos de un guantazo.

Yo permanezco en este domicilio de milagro.
Objeto de todas las listas de trastos a tirar,
la negligencia de los que me quieren fuera
es lo único que me mantiene dentro.
Podrán disculpar mi cólera
al ver cómo todos sus habitantes
tratan de que él halle su hogar en este piso.
A mí nunca han llegado a leerme.
A él nunca han llegado a entenderlo.
Pero hay algo que todos aquí saben:
El Extranjero no es El Inmigrante.

No necesitan explicar lo que odian de mí
ni por qué persiguen mis palabras
porque los signos de exclamación
ladran más alto que los interrogantes.
Como un animal ajeno al ecosistema,
él se aloja en un estante encima de la ley.
Se comporta como si fuera algo más que una cosa,
como si nacer de una mano mejor
fuera una cualidad que el posee y yo no tengo,
como si el origen fuera algo más 
que un niño caprichoso y arbitrario.
Él sabe que yo no quepo en ninguna parte.
Él sabe que El Extranjero no es El Inmigrante.

Con frecuencia, oigo a mis dueños decir
que la buena literatura no es propiedad de nadie.
Cuentan los daños que los iguales a mí
han causado en otros apartamentos
y, en mi prosa blanca,
brilla el negro de la palabra culpable.
Tal vez sea mejor para todos
que me deje ver menos por las estanterías
y pase los domingos tranquilito en un cajón.
Al menos, no estaría mal disimular un poco
el color de mi cubierta.
Empezaron por no mirarme
y he terminado por no reflejarme en el espejo.
Empiezo a pensar que tenían algo de razón
cuando decidieron que, si me rompo,
es un gasto inútil repararme.
Quizá sea cierto.
Quizá El Extranjero no sea El Inmigrante.


sábado, 1 de abril de 2017

ACEPCIONES DE UNA HERMANA

Una amiga, una enemiga irreconciliable.
Un producto mejor de los factores de mi cara.
Un pétalo de ella que me dejó mi madre.
La viva imagen de mi infancia.

Un guantazo, una caricia, la misma mano.
Una socia en el negocio ruinoso de crecer.
La compañera de un juego que los dos ganamos.
Una niña de vuelta de ser mujer.

Una cómplice, una chivata, un salvavidas.
Una rama del árbol que me sujeta a la tierra.
Un corazón que late más fuerte cuesta arriba.
Un cuerpo hermano. Un alma gemela.

alfa  mayúscula, única compatriota.
Puerta de entrada a lo más hondo de mi casa.
El agua vive porque se abrazan dos gotas.
Dos gotas. Dos gotas de la misma agua.

miércoles, 22 de marzo de 2017

VIDA Y OBRA DEL LECTOR

Mi inclinación a escribir y la tuya a leer
nos ha unido en este tiempo medido en letras.
Yo me quedo en poner versos en un papel
pero sólo tú puedes hacer de ellos un poema.

Tú haces verdad los dogmas de un farsante.
El escritor no habla sino la lengua del lector.
Tomas mi silencio gráfico y cobarde
y lo conviertes en hazaña de nuestra voz.

Yo revivo mientras tú me relees.
Yo siento cuanto tú te conmueves.
No hay metáfora si no te vuelve del revés,
si no te mojas cuando sueño que llueve.

Sin cómplice implicado no hay autor confeso
que pueda curar la realidad con palabras
ni que transmita en dos sílabas la enfermedad del beso.
Yo existo lo que perduro en tu mirada.

lunes, 27 de febrero de 2017

INSIGNIFICANTE

En la inmensidad despiadada del universo,
disto mucho de ser siquiera insignificante.
Al mundo llegué en un agosto de Alicante.
Así, original como el veraneante medio.

De pronto, me veo próximo a la mediana edad.
De puntillas para rebasar la baja estatura.
Con la misma complexión que mi caricatura.
Con iguales motivos para reír que para llorar.

Tengo el mismo dios que una hormiguita.
He perdido la noción de lo que votaba.
Iba para español y me he quedado en nada.
Descerebrado antes que con una mente postiza.

Me he ocultado la muerte de mi madre.
Mis hijos me han enseñado a caminar.
Yo soy la persona más pequeña del plural,
uno de esos gilis que se creían singulares.

No me entenderás sin saber que estoy enamorado.
Escribo recostándome en su hombro de palabras.
Hago versos con mis propias manazas
cuando se me va el cariño de las manos.

Defiendo la teoría de que la carcajada
es la distancia más corta entre dos personas.
Que las guerras las gana el bando que perdona,
lo aprendí tras matar y morir con la mirada.

Nunca cuento que soy funcionario hasta, al menos,
la séptima estrofa de la primera cita.
Mis domingos son de criptonita,
ayer y mañana empatan a cero.

No he hecho daño a nadie intencionadamente.
De qué servirá eso a quienes he herido....
Como todos los desconocidos,
yo me llamo Álvaro Trece.

sábado, 21 de enero de 2017

MI PADRE

Mi padre me enseña más de lo que yo aprendo.
Mi padre se pospone para que yo suceda.
Yo soy bueno con lo que de mi padre llevo dentro,
con las últimas fuerzas de niño que me quedan.

Mi padre sabe volar con los pies en el suelo.
Recibe las balas de frío que el invierno me dispara.
Se despierta temprano para que yo pueda tener sueños.
Hablo de mi padre cuando vuelvo a casa con las palabras.

Mi padre me transmite el ADN de su alma
cada vez que me renace con su calor.
Me late una cardiopatía azul y blanca.
Clase, los que se curran la segunda división.

Mi padre es ejemplo de que el verdadero león
no necesita serlo con un trono en la selva.
Dibuja la primavera en un grano de arroz.
Respondo mi padre cuando preguntan por mi tierra.

lunes, 26 de diciembre de 2016

LO QUE TE DOY CON MI PALABRA

Casi al tiempo de decir que te doy mi palabra,
me doy cuenta de que lo que te quiero dar va más allá
de cualquier trasto léxico, de cualquier promesa.
Lo que yo te doy son los latidos de mi cerebro
y una idea constante con forma de corazón.

Te doy cinco continentes que parecen dos oídos.
Te doy el descendiente evolucionado del amor.
También el agua caliente en mitad del frío.
El plural de la única caricia que existe.
La curva en mis labios de un camino de ida.

Naturalmente, te doy lo que está prohibido darte
y un veneno que cura todos los antídotos.
Te doy lo que dan a su dios los que creen en algo.
Te doy lo que a los muertos tuvieron que quitarles.
Todo lo que me separa de los minerales.

Te doy el erizo que te llama desde mi piel.
Te doy poblaciones enteras de mis células
porque, sencillamente, se sienten parte de ti.
Te doy una verdad que conservo de cuando era niño.
Un sueño que te pertenece porque es mío.