lunes, 27 de febrero de 2017

INSIGNIFICANTE

En la inmensidad despiadada del universo,
disto mucho de ser siquiera insignificante.
Al mundo llegué en un agosto de Alicante.
Así, original como el veraneante medio.

De pronto, me veo próximo a la mediana edad.
De puntillas para rebasar la baja estatura.
Con la misma complexión que mi caricatura.
Con iguales motivos para reír que para llorar.

Tengo el mismo dios que una hormiguita.
He perdido la noción de lo que votaba.
Iba para español y me he quedado en nada.
Descerebrado antes que con una mente postiza.

Me he ocultado la muerte de mi madre.
Mis hijos me han enseñado a caminar.
Yo soy la persona más pequeña del plural,
uno de esos gilis que se creían singulares.

No me entenderás sin saber que estoy enamorado.
Escribo recostándome en su hombro de palabras.
Hago versos con mis propias manazas
cuando se me va el cariño de las manos.

Defiendo la teoría de que la carcajada
es la distancia más corta entre dos personas.
Que las guerras las gana el bando que perdona,
lo aprendí tras matar y morir con la mirada.

Nunca cuento que soy funcionario hasta, al menos,
la séptima estrofa de la primera cita.
Mis domingos son de criptonita,
ayer y mañana empatan a cero.

No he hecho daño a nadie intencionadamente.
De qué servirá eso a quienes he herido....
Como todos los desconocidos,
yo me llamo Álvaro Trece.

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