miércoles, 14 de junio de 2017

NO HACE FALTA SER MUJER

Dos adultos, una manzana, una serpiente...
y resulta que toda la culpa fue de la señora.
No hace falta ser mujer para oler a injusticia,
para discutir con uno mismo ese relato
o para ver sus consecuencias en las hijas,
de las hijas, de las hijas del pecado.

La verdad es que nunca te llamaste Eva.
Viniste, como yo, de un cruce de caminos
pero nos educaron en orillas opuestas del presente.
Yo tenía que cazar no sé qué salvaje
y tú recolectar tardes de septiembre.

Ni que escribir tiene que no aprendimos a volar
pero algo me mantiene en la instantánea de un salto
y tú caminas bajo un techo de cristal discreto.
No me negarás que es más fácil darte un coscorrón
que hacerle sitio a las medidas de tu cerebro.

No hace falta ser mujer para advertir
que ser madre no es sólo el femenino de ser padre.
Hay preguntas que nunca me han hecho a mí
para las que tendrás que sacar de dentro una respuesta.
Cuando ladren los interrogantes,
corre detrás del instinto de ser feliz.

Me conocí en tus palabras desnudas
pero morirás en un ranking de las mejor vestidas.
Los hombres inteligentes​ no tienen cuerpo
pero, cuanto más miran los ojos tu interior,
más se obstinan en ver tu aspecto.

Sorprende verte descansada al despertar.
Duermes con un rumor, bajo la almohada,
de voces que opinan sobre lo que haces con el sexo.
Actúas con la libertad de quien sabe
que siempre habrá alguien que testifique contra su pecho.

Y estás aquí. Aquí que, para ti, es más lejos.
Aquí, donde se necesitan sospechosas.
Aquí, en un hábitat de género.
Aquí, donde queremos hacerte hombra.
Aquí. Aquí que, para ti, es más lejos.

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