jueves, 4 de octubre de 2012

AQUELLA MAÑANA



     La chica pintada en la puerta
     la vio entrar, aquella mañana, en el aseo de las chicas.
     El tiempo se mide de otra manera
     cuando los nervios entorpecen la tarea,
     contraen el estómago y congelan la saliva.

     Recompuesto el vestido, salió tomando aire.
     Escaleras arriba, esperaba la segunda planta del juzgado.
     Peldaño a peldaño, iba bailando sin saberse el baile,
     iba pensando en algo (vosotras, lectoras, sabréis disculparme),
     que un hombre no comprende demasiado.

     A esas alturas, su corazón
     no era tan valiente como su mirada.
     ¿Conocéis la secreta insatisfacción
     que embarga a uno cuando ya casi consiguió
     aquello que tanto deseaba?

     Ten cuidado. Si octubre es hombre muerto
     cada vez que llega el invierno,
     es porque hizo siempre lo que debía.
     A pregunta de la autoridad dijo apresuradamente sí quiero.
     Ya habría tiempo de saber qué era eso que tanto quería.
   

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